
Se distingue por unir judo, excelencia técnica y calidad humana. Sus estudiantes valoran la claridad de sus clases y su retroalimentación, pero sobre todo su capacidad de orientar con empatía y enseñanzas de vida valiosas.
“Recibir este reconocimiento es un honor y una gran responsabilidad. Refleja un trabajo colectivo: la vocación que aprendí de mis padres, el apoyo de amigos/as compañeros/as de trabajo y profesores del área, y el compromiso de mis estudiantes. La excelencia no es individual, se construye en comunidad. Me impulsa a fortalecer una docencia más humana, empática, colaborativa y consciente del aporte de todos quienes hacen posible el proceso educativo. También a seguir aprendiendo de mis referentes y, especialmente, de mis estudiantes y ayudantes, quienes desafían y enriquecen constantemente mi práctica docente”.